LA COOPERACIÓN COMO PROYECTO DE SOCIEDAD

Discurso del profesor Bruno-Marie Béchard,
Rector de la Université de Sherbrooke,
con motivo del Foro cooperativo 2006

14 de marzo de 2006

Señor Presidente del Consejo de Administración,
Queridos cooperativistas,

Los manifiestos "Por un Quebec lúcido" y "Por un Quebec solidario", cada uno a su manera, han abierto una serie de debates sobre los problemas de nuestra sociedad, específicamente nuestra deuda pública, nuestras desigualdades sociales y nuestro decrecimiento demográfico. Nos sensibilizan sobre los riesgos de deterioro de nuestros servicios públicos y cuestionan el compromiso de nuestros gobiernos ante los desafíos ecológicos, la gestión de nuestra importante fuente de energía hidroeléctrica y el financiamiento de nuestro sistema de educación superior.

Ahora bien, se puede sacar inspiración y dirección para las soluciones buscadas en el movimiento cooperativo, un componente principal de nuestra realidad quebequense. A mis ojos, el potencial de nuestra red, con más de 3000 cooperativas y mutuales, constituye una vía ineludible hacia un "Quebec SOLidario y lúcIDO", es decir, SÓLIDO.

Si nos juntáramos, nuestros valores y principios cooperativos podrían convertirse en la punta de lanza de Quebec: un proyecto consensual capaz de vivificar tanto a las fuerzas sindicales como a las empresariales, además de generar nuevos adelantos colectivos. El futuro no se encuentra únicamente en la derecha lúcida o en la izquierda solidaria. ¡Yo creo profundamente que se encuentra en el liderazgo cooperativo!

Así pues, lúcidos ante nuestros desafíos, podemos actualizar nuestra capacidad de ser solidarios para enfrentarlos desplegando el espíritu cooperativo a mayor escala, articulando el sector privado asociativo con el sector privado individual y el sector público.

En esta perspectiva, en primer lugar, quisiera situar mi intervención con relación a una reflexión iniciada desde hace tiempo en la Université de Sherbrooke, para luego, hablarles del ideal cooperativo, de la fuerza de nuestro movimiento, de lo que está en juego fundamentalmente y que nos interpela a todos, así como también de algunas pistas de desarrollo, para llegar finalmente a la elaboración de un proyecto de sociedad.

Université de Sherbrooke

Mi conferencia se inscribe en la línea de pensamiento de la primera cátedra sobre la cooperación creada, gracias al Consejo de la Cooperación de Quebec, en 1967 en la Université de Sherbrooke. El instigador de esta cátedra, el profesor Émile Bouvier, distinguió, "desde el punto de vista científico, el sistema cooperativo del sistema puramente capitalista", es decir, "la empresa privada motivada por la búsqueda del beneficio de la rentabilidad [versus las] cooperativas motivadas por el servicio comunitario".

Visionario, el profesor Bouvier anticipó el papel de la cooperación en la planificación económica regional y juzgó "primordial volver a evaluar constantemente la filosofía misma del movimiento".

Rápidamente, gracias a la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional (ACDI), la Université de Sherbrooke extendió este conocimiento a las sociedades cooperativas en algunos países en vías de desarrollo. A partir de 1976, Sherbrooke hace de la cooperación una de sus "orientaciones importantes" que implican al conjunto de la institución. La creación del Instituto de investigación y enseñanza para las cooperativas (IRECUS) consagra el carácter multidisciplinario de este sector e intensifica la contribución de la Université de Sherbrooke al progreso del movimiento, tanto en Quebec como a nivel internacional.

En la alocución que pronunció en 1979, con motivo de la primera entrega de títulos de la Université de Sherbrooke en África, el rector Yves Martin declaró: "En Quebec, el movimiento cooperativo ocupa un lugar que se ha vuelto extremadamente importante en el paisaje económico, cultural y social. Los valores que inspiran este movimiento cuentan infinitamente más que las técnicas que éste se dio en el contexto particular de Quebec."

Desde entonces, el rector Martin consideraba determinante la contribución del movimiento cooperativo al desarrollo económico de cada una de las regiones y del conjunto de Quebec. Quebec, decía él, no dispone de palanca más potente que la cooperación "para realizar los objetivos de su desarrollo por sí mismo, de su desarrollo endógeno, que constituirá en el futuro la clave esencial de nuestro progreso".

Ideal

Para mí, la cooperación es la unión fraterna de personas apasionadas por un mismo ideal, que colaboran para satisfacer necesidades comunes. Así pues, al respaldarnos los unos a los otros, nos apropiamos de nuestro destino en lugar de soportarlo.

La cooperación aporta soplos de aire fresco con sabor ético para inspirar nuestro futuro colectivo: en el comercio, la economía y la sociedad, nuestras cooperativas valorizan más responsabilización, más solidaridad y más equidad, valores claves para una sana cohesión social.

Entre los activos del movimiento cooperativo, los conceptos de persona, de equipos, de participación, de autoayuda y de empoderamiento, de distribución equitativa y de gestión democrática son absolutamente fundamentales. Así pues, en cada cooperativa, sus miembros aplican valores mundialmente reconocidos con el fin de hacer negocios centrados en las necesidades de la persona.

Seis de los siete principios cooperativos indican vías de mejoramiento de la condición humana: la libertad de adhesión, la educación, el poder democrático, la autonomía, la intercooperación y el compromiso comunitario. Solamente un principio se refiere al dinero, como un medio y no como un fin en sí.

Más allá de las ventajas materiales, trabajadores, consumidores y productores se unen a este ideal de desarrollo económico y social por la satisfacción obtenida al rebasarse a sí mismos y en la apertura a los demás. Aquí, la concertación inventa soluciones que resisten al desgaste del tiempo. Desde hace 150 años, nuestras cooperativas han jugado un papel de primera importancia sobre esta base comunitaria. Pero nos falta aún tomar conciencia de su inmenso potencial en la elaboración de un nuevo proyecto de sociedad típicamente quebequense. Quebec tiene necesidad de la unión de sus fuerzas cooperativas para asentar su edificio.

Fuerza

Quebec se distingue por el impacto económico del movimiento cooperativo y mutualista y por la gran diversidad de sectores donde éste se mantiene activo. Las percepciones sobre las cooperativas son muy positivas: 75% de la opinión pública de Quebec ve a las cooperativas como una buena solución a los desafíos económicos; 79% cree que ofrecen bienes y servicios de igual calidad a mejor precio; 83% cree que fomentan el empoderamiento de la economía local.

Además, Quebec hace mascarón de proa con 75% de su población miembro de una cooperativa o de una mutual, y yo soy uno de ellos. De 1999 a 2003, el activo de las cooperativas y mutuales progresó 30% y su volumen de negocios 40%, con un alza de 5500 de empleos.

Hemos innovado al crear, en particular, las primeras cooperativas de trabajadores accionistas así como las de desarrollo regional. Nuestras cajas Desjardins figuran entre las mejores cooperativas de servicios financieros del mundo. En cooperación agrícola, ¡la "Coop Fédérée" cubre 50% de los suministros a las granjas y 50% de la comercialización de la carne de cerdo y de aves! En cuanto a nuestras cooperativas funerarias, éstas hacen contrapeso a las multinacionales: con apenas 15% del mercado, hicieron bajar los precios en 50%, ¡una victoria espectacular del movimiento cooperativo del que se beneficia el conjunto de la sociedad!

Al integrar los aspectos sociales y económicos del desarrollo sostenible, la fórmula cooperativa garantiza la perpetuidad de las nacientes empresas que emergen en la comunidad. Estas empresas, que se desarrollan en diferentes regiones, refuerzan nuestro poder local de decisión, el mismo que la globalización tiende a hacer desaparecer.

En términos de duración, las cooperativas tienen una tasa de éxito superior a las otras categorías de empresas. En efecto, según el Ministerio del Desarrollo económico, de la Innovación y de la Exportación, la tasa de sobrevivencia de las empresas cooperativas casi dobla la de las empresas del sector privado.

Lo que está en juego

Dada la amplitud de nuestros desafíos sociales (tales como la deuda pública, la disminución de la natalidad, el envejecimiento de la población o el abandono escolar) y la enorme presión económica de la globalización, es absolutamente necesario ponerse de acuerdo sobre las grandes orientaciones para construir una nueva sociedad. Por lo tanto, después de haber desarrollado herramientas de gestión eficaces, mi deseo es que el movimiento cooperativo se movilice para, decididamente, transformar la sociedad.

Hay una distinción que hacer entre la cooperativa, que es una forma de empresa, y la cooperación, que es un ideal de sociedad: la cooperativa exige la cooperación, pero las actividades de cooperación pueden muy bien realizarse fuera del marco jurídico cooperativo. La cooperación es, en primer lugar y sobre todo, un humanismo donde se toma como finalidad a la persona humana y su pleno desarrollo, preparando el advenimiento de una sociedad más equitativa.

Debemos, entonces, trabajar en dos frentes: extender las cooperativas a nuevos medios y extender el espíritu de la cooperación al conjunto de la población, especialmente tejiendo nuevos vínculos entre las generaciones y con las comunidades etnoculturales. Mientras la gestión cooperativa se abra a nuevas prácticas de asociación con los sectores público, privado y social, su pensamiento podrá orientar el devenir de nuestra sociedad única.

Podremos abordar nuestros grandes desafíos y nuestros grandes proyectos con este enfoque de democracia activa, donde las personas que actúan en todas las etapas del proceso son las mismas que las que deciden.

Desarrollo

En esta perspectiva, las cooperativas de la Estrie acaban de iniciar una movilización que se manifiesta, en particular, en dos grandes obras: la Alianza social de las cajas de Sherbrooke y las iniciativas de creación de empleos de la Cooperativa de desarrollo de la Estrie.

En la Université de Sherbrooke, el IRECUS, que ha decidido profundizar el pensamiento cooperativo, está a punto de dotarse de un fondo de desarrollo. También, la Universidad apoya activamente la creación en el centro de Sherbrooke de la primera cooperativa de alojamiento de estudiantes fuera del campus, así como la creación de la primera escuela de verano de jóvenes creadores de cooperativas. Por otra parte, la Université de Sherbrooke introdujo en Quebec una tradición de concertación con los medios de práctica inspirada en la cooperación y sus valores de servicio a la sociedad, de responsabilidad compartida y de intercambios mutuos. El régimen cooperativo de estudios implica a los proveedores de trabajo para responder mejor a sus necesidades y está al servicio de los estudiantes preparándolos mejor para el mercado de trabajo, permitiéndoles al mismo tiempo financiar sus estudios.

Así, los modelos puestos a punto en Sherbrooke valorizan la cooperación como método de gestión en la confluencia del sector público y del privado. Además, la pericia desarrollada es transferible mundialmente, especialmente gracias a la Red uniRcoop, red que nosotros conducimos y que es la más importante agrupación de profesores e investigadores especializados en el fenómeno cooperativo y asociativo de las Américas que cuenta con 22 universidades miembros procedentes de 15 países.

Tradicionalmente, las cooperativas y mutuales han tenido éxito en Quebec, especialmente en ahorro y crédito, agricultura, servicios funerarios, alimentación, vivienda y seguros. Las necesidades humanas fuente de la cooperación son numerosas y variadas. Ellas entrecruzan varias dimensiones de la vida y sobre todo sobrepasan la esfera económica. Pero en el contexto de cuestionamiento del interés general, al cual le conviene el modelo estatista, se presentan ahora ocasiones para transferir algunas actividades hacia el interés colectivo, basado en el modelo cooperativo, más que hacia el interés individual del modelo capitalista. Es el caso de las actividades asociadas a necesidades comunes fundamentales como el agua, la energía y la salud. En el futuro, ¿acaso la creación de cooperativas de consumidores en el sector del agua no permitiría prevenir el deterioro de las infraestructuras municipales? En el ámbito de la energía, como la eólica, ¿podrían acaso las cooperativas de productores recurrir al financiamiento público y al peritaje privado para apoyar el inicio y el desarrollo de sus actividades? ¿Las cooperativas de salud no constituirían un potente medio para que la población se apropie de nuevo de la organización de los cuidados de salud dentro del despliegue de un sistema complementario?

El acercamiento con organismos sin fines de lucro y grupos de acción comunitaria autónoma es deseable. Estos acercamientos reforzarían la actividad ciudadana reduciendo las iniquidades sociales; animarían a miles de sus miembros a movilizarse alrededor de una causa: el empoderamiento local para la gestión del bien común. Este impulso debería favorecer la participación de los autóctonos, de los anglófonos y de las personas inmigrantes, así como una distribución equilibrada entre los sexos y los distintos grupos de edad.

La mayoría de los líderes de las grandes cooperativas se conocen y comparten las mismas visiones. Al ocupar un lugar de vanguardia en el escenario y al pronunciarse en los debates, su compromiso puede tener un efecto de gran arrastre entre los miembros de las cooperativas, las que, a su vez, podrían actuar de acuerdo a sus intereses y a sus habilidades respectivas.

En cada región, líderes de distintos sectores pueden organizarse en redes para crear los núcleos de una "transformación cooperativa" de nuestra sociedad quebequense. ¿Acaso no es alrededor de un núcleo que una fruta alcanza la madurez? Sería un medio de llevar a los cooperativistas a pronunciarse conjuntamente sobre alternativas capitales que tengan sentido para Quebec.

Cada cooperativa o mutual tiene un enorme potencial de comunicación con sus miembros. Utilizar esos canales de comunicación movilizaría un mayor número de miembros para comprometerse en el empoderamiento de la comunidad. De esta manera, se apostaría aún más sobre el capital asociativo para el desarrollo local y regional desde una óptica más global.

Proyecto de sociedad

La cooperación, lo repito, es en primer lugar y sobre todo un humanismo, que coloca como fin a la persona humana y su pleno desarrollo, abriendo la vía a un nuevo mundo donde el éxito de los unos depende del éxito de los otros. Estoy convencido de que los valores de la cooperación conllevan un proyecto de sociedad para Quebec que nos distinguirá aún más en el concierto de las naciones. Son valores de ayuda mutua y de reciprocidad, de democracia equitativa y solidaria, de toma de conciencia y de responsabilidad personal y mutua. Nos invito a que defendamos estos valores y que los promovamos aún más activamente.

Existen cuatro niveles de cooperativismo: el cooperativista, la cooperativa, el movimiento cooperativo y la movilización de las fuerzas cooperativas en un proyecto de sociedad. Nosotros ya somos líderes en los tres primeros niveles, aunque todavía fallamos constantemente en consolidar los fundamentos de la cooperación, su definición y sus finalidades. Allí se encuentra el primer desafío de las cooperativas, las federaciones, las regiones y, por ello mismo, del Consejo de la Cooperación de Quebec.

Hemos desarrollado herramientas de gestión eficaces poniendo al mismo tiempo entre paréntesis la rica filosofía cooperativa. Ahora bien, la diferencia cooperativa se halla, en primer lugar, frente a su rentabilidad social y económica. Entonces, es necesario impregnar de nuevo la visión profundamente humanista a la gestión organizativa y financiera. Las dos no son más que una sola. Y este ideal permitirá inspirar cooperativamente nuestro futuro colectivo en nuestros campos de competencia.

Es allí donde yo los invito al cuarto nivel de cooperativismo: como líderes, tenemos la responsabilidad de intervenir en los debates públicos. Pero para proclamar la diferencia cooperativa, debemos reconocernos como un solo y mismo movimiento con una filosofía y una finalidad particulares. Las cooperativas y mutuales forman un conjunto recubierto de un objetivo para todos, una manera de concebir una sociedad más rica, más equitativa y más fácil de convivir. Más que una forma de administrar, la cooperación es una manera de vivir y de organizarse que compromete y moviliza. La fuerza cooperativa reside sobre todo en la vivencia y el testimonio de sus líderes aglutinadores.

Los invito, pues, a unirse aún más y a pronunciarse públicamente. Tenemos un conjunto de proyectos que poner sobre la mesa, en particular, en tres campos vitales donde la cooperación ofrece una verdadera posibilidad de apropiación colectiva: el agua, la energía y la salud. ¡Elaboremos el inventario! ¡Hagámoslos conocer! ¡Probemos la reacción de la población!

Nosotros formamos una red de una potencia que aún no ha dado su plena medida. Este enorme potencial me hace pensar en la energía contenida en el átomo antes de que sea liberada por una reacción nuclear. Para liberar la energía humana presente en las cooperativas y mutuales, nos invito a que pongamos nuestro ideal al servicio de un verdadero proyecto de sociedad.

¡Reunamos todas las fuerzas cooperativas! ¡Aliémonos con otras entidades! ¡Tomemos nuestro lugar en el tablero político! Reflexionemos en cada uno de nuestros medios sobre cómo volver accesibles a todas y todos los recursos necesarios según sus necesidades y en la medida de las posibilidades.

Abrámonos a los distintos componentes de la población de Quebec y reclutemos líderes extracooperativos con el fin de asociarlos a la elaboración del proyecto de sociedad. Pienso en los jefes de empresa que, a pesar de no adoptar el modelo cooperativo en sus propias actividades empresariales, le reconocen la pertinencia, los éxitos y el potencial.

Tengo la convicción de que los valores de la cooperación están inscritos en el alma de nuestro pueblo. ¡Unámonos para construir un Quebec cooperativo!

Conclusión

Ante la globalización, tengo la profunda convicción de que la cooperación constituye, ahora más que nunca, la clave de un proyecto de sociedad a nuestra imagen. ¿Qué estrategia puede establecer mejor nuestros poderes locales sobre nuestras aspiraciones comunes, que la que apuesta sobre el capital humano, social y simbólico de la cooperación? Ya que el enfoque cooperativo contiene en germen una sociedad SÓLIDA.

Siendo el liderazgo y la cooperación los mejores medios para realizar juntos grandes obras, al movilizarnos para elaborar un proyecto de sociedad, haríamos de la cooperación el medio y el fin de nuestra acción. Así como el siglo XVIII fue el de las Luces, nosotros haríamos juntos del XXI, el siglo de las Cooperaciones.

¡Excelente foro para todos y todas!

(Traductora: Sandra Serrano Molina)